Trump al borde de la blasfemia y Milei domado por la inflación

Cuando personajes desquiciados tienen el poder, todo se torna peligroso.
Actualidad18 de abril de 2026 Sisto Terán Nougués
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Donald Trump las cosas le están saliendo muy mal.

Acosado por los fantasmas de sus vinculaciones perversas con Jeffrey Epstein, y desbordado por la furia que se desató en el interior de los Estados Unidos como consecuencia de los asesinatos de ciudadanos estadounidenses a manos de sus fuerzas parapoliciales, inició un guerra.

Parecía que iba a ser un paseo, una excursión militar velocísima. Pero Irán tenía otros planes, y su encarnizada resistencia está prolongado el conflicto. Una guerra impopular, ordenada a espaldas del Congreso, sin objetivos claros, y que se ha empantanado de una manera complicada.

Presa de arrebatos y súbitos cambios de humor, prometió extinguir una civilización tres veces milenaria en una sola noche de terror, sangre y fuego. Los desbordes verbales de este anciano desquiciado y caprichoso, hacen poco creíble todo lo que dice. Los líderes mundiales ya no lo soportan. Ha puesto al mundo en una situación de tensión incomprensible. Sus aliados de siempre no comparten ni una sola de sus alocadas decisiones.

No sabe cómo salir de la guerra en que se metió de una manera más o menos airosa. Está muy cerca del ridículo. El ultimátum del juicio final contra los iraníes, por suerte, no se ha cumplido. La torpeza de Trump hace que insólitamente Irán se sienta fortificado en sus pretensiones y pretenda concesiones que nunca soñó conseguir.

Cada metida de pata del presidente norteamericano es continuada por otra peor. En verdad cuesta encontrar un Jefe de Estado que actúe con tanta desprolijidad y falta absoluta de racionalidad.

Como hace de su patanería una demostración cotidiana de su personalidad enfermiza, todos los días busca y encuentra un nuevo adversario.

Ahora se la tomó con León XIV, el papa católico, jefe máximo de una religión que contiene alrededor de mil cuatrocientos millones de feligreses.

León XIV hizo algo que, a los ojos de Trump, es imperdonable: Se aferró al Evangelio, a la palabra de Jesucristo, y condenó la guerra pidió rezar por la Paz en el mundo.

¿Qué otra conducta era esperable del líder de los católicos? El principal mandamiento cristiano ordena amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Y ese amor al prójimo indica una fuerte condena al crimen monstruoso de la guerra y un llamado permanente a la paz.

León XIV se expresó en un todo de acuerdo con lo que prescribe el Evangelio. Hizo lo que era dable esperar de un pastor de almas.

Trump enfurecido entendió que ese mensaje de paz era una crítica a sus decisiones (y lo era), por lo que decidió atacar con vulgaridad a León XIV.

“León XIV debería estar agradecido, porque, como todos saben, fue una sorpresa mayúscula. No estaba en ninguna lista para ser Papa y la iglesia lo puso allí solo porque era estadounidense. SI YO NO ESTUVIERA EN LA CASA BLANCA, LEÓN NO ESTARIA EN EL VATICANO. El Papa es débil en materia de delincuencia y pésimo en materia de política exterior, le pido que deje de complacer a la izquierda radical. No quiero un Papa que piense que está bien que Irán tenga armas nucleares”.

Estas citas textuales de los dichos de Trump ponen de manifiesto una personalidad que ha perdido el autocontrol y no tiene dimensión del sentido de sus palabras.

León XIV no se inmutó. No tiene miedo a Trump, y no debe tenerlo. Él solo cumple con el mandato de divulgar el Evangelio cristiano que ordena condenar la guerra y procurar la paz. Su firmeza ejemplar al ratificar sus pensamientos sin alterarse frente a los agravios innecesarios y torpes del energúmeno norteamericano, son una manifestación expresa de la serenidad que acompaña a los hombres justos.

No conforme con sus arrebatos, Trump resolvió repostear personalmente una imagen suya como si fuera Jesucristo imponiendo su bendición sanadora a un enfermo.

La indignación de las comunidades cristianas ante esa imagen chabacana, colindante con la blasfemia, no se hizo esperar. Fue tan fuerte la reacción, que el mismo Trump tuvo que recular, sacar de circulación la fotografía armada con inteligencia artificial, y salir a dar un paupérrimo discurso intentando explicar que no pretendió encarnar a Cristo, sino a un médico de la Cruz Roja. Pasó sin transición de la blasfemia y la megalomanía, a la tontería y el ridículo.

Puede ser una imagen de el Despacho Oval y texto que dice "Donald DonaldJ.Trump J. Trump @realDonaldTrump. 6h Α"

Trump es indefendible por donde se lo mire. Ofende a todos todo el tiempo. No tiene ningún límite en su impudicia, y sus exabruptos son cada día más groseros.

Giorgia Meloni, Presidenta del Consejo de Ministros de Italia, es una de las mandatarias sindicada como de las más afines ideológicamente con Trump. No dudó, sin embargo, en considerar “inaceptables” las declaraciones de su par norteamericano y expresó su solidaridad absoluta con León XIV.

Lula da SilvaBill Clinton, y una enorme mayoría de personalidades del mundo entero no dudaron en reprobar unánimemente los ataques de Trump contra León XIV.

Javier Milei no dijo ni una sola palabra sobre este tema

Resulta inconcebible que el presidente argentino, siempre dispuesto a dar su opinión sobre los temas más variados, incluso los más disparatados, no haya dicho nada. Su silencio implica complicidad manifiesta con las actitudes de su jefe político, Donald Trump.

No me sorprende en absoluto. Trump le pidió que se fuera de la Organización Mundial de la Salud, y Argentina renunció a seguir participando de esta entidad multilateral. Luego le ordenó que votara a favor de la legalidad de la tortura como metodología legítima para obtener información, y Argentina así lo hizo en las Naciones Unidas. Aplaudió luego el bombardeo a Caracas, y se calló la boca cuando su amo ordenó pactar con el chavismo, esos “zurdos” que tanto dice detestar. Más adelante se encolumnó con Estados Unidos e Israel en una guerra lejana y ajena, dijo que “la estamos ganando”, y omitió considerar como crimen de guerra las bombas que mataron más de un centenar de niñas inocentes en Irán.

¿Cómo podíamos esperar que Milei, extraño converso al judaísmo, se solidarizara con un ataque absurdo perpetrado contra un Papa católico?

Y ahora prepara sus valijas para su enésimo viaje al exterior desde que asumió la presidencia. Irresponsablemente parte en los próximos días para Israel, uno de los países directamente involucrado en la guerra. Totalmente innecesario y ridículamente peligroso para él y para todos los argentinos, a los que involucra con sus acciones en un conflicto remoto, alejadísimo de nuestras fronteras.

Que quede bien en claro, nunca voy a defender un régimen autocrático de características fundamentalistas y teocéntricas como lo es el régimen iraní, y condeno terminantemente toda actividad terrorista que haya sido propiciada por ese país.

De ahí a asumir como propia una guerra en la que nuestros intereses no están en juego para nada, me parece que hay un abismo infranqueable.

Pero Milei no viaja solo por esa fantasía de considerarse a sí mismo como un preponderante protagonista del quehacer mundial, se toma una vez más el avión, para escaparse unos días de una realidad argentina que es agobiante, y que ya no puede ser ocultada por el relato ni los troles pagados desde el Estado.

A las patéticas peripecias de la corrupción de $Libra, el escandaloso caso Andis, con sus coimas y sobreprecios, las vinculaciones con el narcotráfico que expusieran torpemente Espert y Villaverde, ahora hay que sumarle la modificación de las normativas del Banco Nación para permitir la concesión de créditos privilegiados, millonarios a los funcionarios y legisladores libertarios. Y ni hablar del cada vez más desprestigiado Adorni, cuyo desproporcionado incremento patrimonial desde su acceso a la función pública es totalmente inverosímil, y sus explicaciones penosas van llenando de triste colorido un prontuario de tonterías inadmisibles. Aparecen también ahora audios comprometedores de la relacionista pública de Eduardo Kovavliker, el dueño de la Droguería involucrada en el caso Spagnuolo, la señora Florencia Pérez Roldán, quien dice que su jefe puso 70.000 dólares para financiar parte del alquiler del Movistar Arena para que Milei despliegue sus cantos y sus bailes esquizofrénicos.

Demasiado frente interno como para no querer escaparse unos días. Preferible irse al epicentro de la guerra antes que quedarse en la Argentina para seguir contemplando la obscena exhibición de la corrupción libertaria en todos los medios de comunicación, hasta los más amigos y confiables.

Para colmo de males, salió el índice de la inflación del mes de Marzo del 2026.

¡3,4%! ¡Una locura total!

¡Décimo mes consecutivo de alza del índice! Más del CIEN POR CIENTO de incremento en relación a la inflación registrada en Mayo del 2025.

El Presupuesto 2026 presentado por el gobierno libertario y confeccionado por el equipo económico de Caputopreveía una inflación PARA TODO EL AÑO 2026 del 10,1%. Sólo en el primer trimestre, la inflación ya acumuló el 9,4%, lo que obligó al FMI a recalcular sus previsiones llevándolas a un eventual 30,4% anual.

¡O SEA QUE CAPUTO LE ESTARÍA ERRANDO POR MÁS DE UN DOSCIENTOS POR CIENTO!

Y todo a pesar de que se impidió que se aplique la nueva metodología de cálculo diseñada por el INDEC para reflejar de manera más fiel el verdadero impacto inflacionario.

Han pasado ya dos años y un trimestre desde la asunción de Milei, se ha ocasionado deliberadamente un atraso cambiario que genera una brutal inflación en dólares y empuja la actividad económica a niveles recesivos, mientras se desfinanció funciones esenciales del estado y se realizó un tremendo ajuste en perjuicio de los sectores más débiles de la sociedad. Todo este enorme sacrificio y dolor, para nada, para lograr una desinflación que no termina de llegar, pero que en el camino está destruyendo empresas y familias enteras a una velocidad pasmosa.

A sabiendas de lo que se venía, Caputo se adelantó, y ordenó “toquetear” el sistema de medición de los índices que se había trabajado concienzudamente durante más de dos años. No quiere que los números reflejen la cruda realidad de lo que nos está pasando a los argentinos.

Tan grave es la situación que el propio Milei se ha visto obligado a reconocerlo en su discurso ante los empresarios en el evento organizado por AmCham, la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina. Allí el Presidente tuvo que ir y dar la cara. Lógico, no podía desairar a sus jefes. Sus palabras, largas, tediosas, de a ratos confusas, y pronunciadas siempre entre balbuceos incoherentes, no pudieron dejar de traslucir el reconocimiento de que las cosas están muy mal. Obvio que, a pesar de esa tenue admisión, concluyó diciendo que sostendría hasta las últimas consecuencias la ortodoxia furibunda de un plan que ya hace agua por todos lados. Y concluyó con un par de frases que demuestran su patético dogmatismo. Dijo que la teoría económica le daba la razón, lo que sería algo así como decir que si la realidad no concuerda con su teoría, es un problema de la realidad.

Nunca dolarizó, como había prometido en campaña. Al contrario, nos está regalando inflación en dólares y nos convirtió en uno de los países más caros del mundo.

No cerró el Banco Central, al revés, intervino todo lo que pudo en los mercados cambiarios y el Central está más vivo y poderoso que nunca, completamente subordinado al Ministerio de Economía y sin ningún tipo de independencia o autonomía funcional.

No privatizó el Banco Nación, a la inversa, modificó sus normas para que los libertarios se enriquezcan con créditos privilegiados.

No aniquiló la casta, se asoció de inmediato a lo peor de la misma, y rápidamente conformó una nueva estructura de privilegiados.

No pudo domesticar la inflación, más bien tuvo que reconocer que hace diez meses que los números inflacionarios crecen sostenidamente. El experto en crecimiento económico “con o sin dinero” lo único que ha logrado es cerrar cerca de 20.000 pymes, mandar a la quiebra a numerosas empresas argentinas, destruir el consumo, violentar la cadena de pagos, endeudar en forma severa a las familias, dejar sin trabajo a casi 300.000 personas y sumergir a la microeconomía en un peligroso estado de estanflación, o sea inflación con recesión aguda.

Sus consignas de campaña y su relato se están desmoronando a pasos agigantados, y su repertorio de insultos ya produce fatiga mental y a nadie sorprende.

Ante este panorama, ¿Cómo no va a querer tomarse unos días para visitar Israel en el medio de una guerra?

Buenos Aires, Abril 16 del 2026

Sisto Terán Nougués

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