Cortito y al pié...cosas que siguen pasando

El título: “Cortita y al pie…”. La de hoy será una nota breve, un pantallazo fugaz para describir a grandes trazos aquellas cosas que siguen pasando y la pasión común por el fútbol a veces deja de lado.
11 de julio de 2026 Sisto Terán Nougués
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Veamos:

1.- Milei hoy ya es el jefe absoluto de la nueva “casta” del poder político y económico en la Argentina:

No quedan ya ni resabios de aquella furibunda consigna anti-casta que el Presidente denostara con furia flamígera en tiempos muy recientes. Ya que no pudo vencer a la “casta”, se rindió a sus pies, y resolvió encabezar un gobierno que es la quintaesencia de la corporación política que denunciara.

Quedaron atrás sus insultos, y “la que ponía bombas en los jardines de infantes” es hoy su espada más cercana. Como toda espada, una verdadera arma de doble filo, que no se deja empuñar con facilidad y que amenaza con cortar a quien ingenuamente pretende ser su jefe. “El hijo de mil putas” que no podía explicar su ritmo de vida y sus negocios, es hoy su flamante Jefe de Gabinete y se funden en abrazos entrañables y con un tufo a complicidad que asusta. “El defaulteador serial” que contrajo inmoral e ilegítimamente una deuda pública monumental e inexplicable, pasó a ser “el mejor Ministro de Economía del mundo”. Y si uno pasa revista a las filas del gobierno advertirá fácilmente que la presencia de los Menem, Sturzenegger, Sebastián Pareja y muchos otros tienen un airecillo nauseabundo a “casta” que resulta inentendible para aquellos que apostaron a la renovación dirigencial y a una depuración de lo pasado.

Sumisamente derrotado, el león de antaño ha devenido en mísero gatito que restaña las cicatrices de su alma viajando por el mundo dando charlas y recibiendo premios de poca monta, mientras deja el país en manos de aquellos a los que decía repudiar.

2.- La corrupción se ha transformado en el sello distintivo del gobierno libertario.

No se trata ya de un hecho aislado, de un personaje circunstancial que ha sobrepasado los límites del pudor y la ética. Es un sistema estructurado para obtener rentas extraordinarias e ilegales aprovechando todo el sistema estatal que dicen odiar, pero al que están exprimiendo en provecho personal.

La saga de hechos de corruptela detectados, sorprende más que nada por su estúpida exhibición obscena, máxime proviniendo de aquellos que habían hecho del discurso de la transparencia su bandera principal. Hay de todo en la viña del señor. Desde las coimas y sobreprecios de la Andiss con el hoy ya célebre 3%, pasando por el otorgamiento de contratos millonarios a empresas vinculadas al presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, la aparición de funcionarios mendocinos con millones de dólares en efectivo y drogas (tema del que se habla poco, pero que constituye un escándalo de proporciones ya que el involucrado principal fue funcionario de los dos últimos gobiernos nacionales), la megaestafa $Libra que tiene como partícipe principal y necesario al mismísimo Javier Milei, las ya históricas contrataciones de punteros políticos a los que se les retiene parte de sus sueldos, etc. Como colofón de este rosario inacabado de corruptelas, lo de Adorni representó el punto culminante, no por su magnitud, sino por la imbecilidad de las patrañas que quisieron contar para justificar lo injustificable.

Pero el sello distintivo lo puso el Presidente de la Nación. Milei, con su encendida defensa de Adorni, se ha transformado en su cómplice, y ha demostrado una dualidad moral implacable. Insulta y descalifica a los adversarios mientras protege actos de corruptela evidentes a los gritos y con una torpeza increíble.

Su presencia desafiante en el Congreso Nacional, insultando a troche y moche, y obligando a todo su gabinete a desfilar con indignidad para rendir pleitesía a un mentiroso contumaz, que tuvo incluso el arrojo inusitado de mentir ese mismo día en plena cara de los representantes legislativos, quedará para la posteridad como el signo evidente de su apoyo irrestricto a la inmoralidad más berreta.

3.- Trump, ¿ganó o perdió la guerra?

Si encuentra uno en la realidad argentina visos de sainete, no se queda a la zaga lo que sucede en el mundo mal llamado “civilizado”.

Es tan brutal la desinformación deliberada respecto de lo que pasó y pasa en la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que sería desopilante y movería a risa tanta marcha y contramarcha, si no fuera porque estamos hablando de vidas humanas cercenadas y mutiladas en aras de una contienda que no se termina de entender en sus fundamentos básicos.

Trump, que prometía hacer desaparecer la civilización iraní de la faz de la tierra y arrasar Irán en tan solo cuatro semanas, se ha visto forzado a una rendición vergonzosa y firmó un armisticio de 14 puntos, 10 de los cuales favorecen al régimen de los ayatolas. Irán recibirá compensaciones económicas, y se levantarán bloqueos que pesaban en su contra desde hace décadas.

Adicionalmente ha quedado demostrada que la presunta imbatibilidad militar de la que se ufanaba el presidente norteamericano es algo muy controvertido y ha quedado al desnudo toda su impotencia para imponer su voluntad mediante el uso de la fuerza bélica. Podríamos decir que se ha hecho el ridículo de iniciar una guerra sin saber muy bien los motivos y con un final apresurado para evitar que el bochorno impacte aún más severamente en los resultados electorales de los comicios estadounidenses de medio término.

Parecería que se trata de una derrota en toda la línea. Pero, ¿y si el objetivo no era tan solo ganar la guerra? ¿Qué pasa si entendemos que lo único importante era iniciar el conflicto? La guerra, por estúpida que nos parezcan sus motivaciones aparentes, es un fin en sí mismo. La contienda militar garantiza un flujo de recursos inmensos para afrontarla. Armamentos sofisticados, logísticas guerreras costosas, consecuencias económicas previsibles derivadas del cierre del estrecho de Ormuz, etc. Mucha gente muy poderosa que ha ganado fortunas gracias a la guerra. Los amigos de Trump están muy contentos, el resultado no era lo importante. Lo que les interesaba era vender sus productos muy caros y a toda velocidad, y la suba de petróleo generó ingentes ganancias extraordinarias al sector.

Lo que causa horror es que este esquema de ganancias multimillonarias y de gastos disparatados se destinó a matar gente inocente, poblaciones civiles enteras destruidas, hogares mutilados, sangre y dolor por todas partes. Un precio insignificante para esas almas pétreas, ávidas de ganancias obscenas y que necesitan una renovación periódica del odio y las batallas para seguir enriqueciéndose.

4.- Prosigue el desmantelamiento del Estado y la destrucción del empleo formal.

Una de las cosas de las que se habla poco es del desmantelamiento del Estado. Los libertarios lo pregonan como si de algo virtuoso se tratara. Absurdo. El Estado, más allá de los funciones que discutamos que deba cumplir, necesita contar con recursos humanos capacitados, bien pagos y eficaces para el cumplimiento de sus tareas específicas.

Desde la asunción de Milei, se ha literalmente paralizado el sector público. No se trata solamente de despidos de personal, es más profundo que eso. Los que conocen de gestión pública, sabe que, salvo honrosas excepciones, todo el entramado administrativo está desarmado, inerte y reconstruirlo va a suponer un esfuerzo ciclópeo. Muchos de los mejores profesionales del sector público ya no están, o porque los despidieron, o porque se fueron en busca de otros horizontes.

Perder capital humano capacitado es una locura costosa. Todos los sistemas de control del Estado están en crisis. Desde el Servicio Meteorológico hasta los sistemas de controles de alimentos y medicamentos, pasando por todo el esquema de infraestructura pública, están en un estado de abandono deplorable.

Hace unos días la violenta actuación de personal policial en la Comisión Nacional de Energía Atómica es una muestra más de esa decisión deliberada e incomprensible de desprendernos de todo recurso humano capacitado. Tristísimo. Formar un profesional en este tipo de materias lleva mucho tiempo, dinero y esfuerzo. Dilapidar ese trabajo es una tontería.

Además implica un nuevo retroceso en materia de empleo formal registrado. Y esto no solo comprende al sector público. Tenaris, la empresa de Paolo Rocca acaba de despedir 150 trabajadores más, que son expulsados a la incertidumbre laboral y a penurias económicas muy severas. Es una más de tantas empresas que están dinamitando el empleo formal. Este hecho indudable a nadie parece importarle significativamente. Todo un signo de los tiempos donde asistimos impávidos a un gobierno que quiere consolidar un proyecto para pocos y en desmedro de muchos.

Es curioso el caso de un país cuyo oficialismo parece celebrar que se pierdan derechos, se dilapiden recursos humanos capacitados, y se deje a miles de familias en las calles.

5.- Las encuestas, Milei y las PASO.

La formidable caída de la imagen presidencial en las encuestas es ya una evidencia. Eduardo Feinman indica que el promedio de 14 encuestadoras sitúa al gobierno en uno de sus peores momentos en su relación con la opinión pública.

Se asume ya en el gobierno la idea de que en un eventual balotaje Milei pierde con cualquiera que lo confronte. Por eso la apuesta es llegar al 40 por ciento en la primera vuelta y fomentar la diáspora de la oposición en fragmentos pequeños que permitan la diferencia de diez puntos porcentuales que permitiría la reelección sin someterse a un balotaje muy complicado.

Diego Santilli tiene la misión de aniquilar las PASO, el mecanismo que permitiría aglutinar la oposición dispersa. Ya está trabajando con los gobernadores “amigos”, y pareciera un hecho que lograrían plasmar antes de fin de año. Veremos.

Esta situación obliga a quienes no estamos de acuerdo con los lineamientos libertarios a trabajar esforzadamente en la construcción de una opción electoral racional y potencialmente ganadora. El esfuerzo vale la pena.

6.- Frío polar y marginalidad social.

En una esquina de Buenos Aires una pobre mujer está sentada en la vereda con un hijo de muy pocos meses en sus brazos. Ya la noche muestra sus primeros indicios y las luces de una ciudad frenética la rodean. Con una voz humillada, sin estridencias, casi inaudible en el bullicio citadino, estira la mano y suplica una limosna.

La imagen me conmueve y me hace detener mi paso apresurado. Le entrego un par de billetes, de esos que inadvertidamente suelo usar para consumir un café con leche en alguno de los tantos bares de esta metrópoli. El mundo gira velozmente y las personas deambulan ensimismadas en sus propios problemas. La escena, por cotidiana y vulgar, pasa sin dudas inadvertida.

Retomo el paso y recuerdo cuando hace ya más de cuarenta años, en una de mis primeras incursiones políticas me adentré en una villa miseria, dicho así, sin eufemismos que atenúen el concepto. Ese día una mujer entrada en años, con la mirada apagada de aquellos que han perdido toda esperanza de progreso, me habló del frío. Me explicó con sencillez esa sensación punzante que cala los huesos, y me mostró sus viviendas precarias, lonas y chapas dispuestas de la mejor forma posible, pero inadecuadas para evitar la filtración del frío entre sus pliegues harapientos. Hasta aquel día nunca había tenido una conciencia cabal de la asociación entre el frío y la marginalidad.

Una ola polar no es igual para todos. Los más desprotegidos la padecen con una angustia espantosa, y los cuerpos se amontonan en el afán de procurarse algo del calor vital que emanan.

Camino al lado de mi hija menor, que en silencio ha asistido a ese fugaz encuentro con esa madre mendiga. Hablamos de mi hija mayor, en cuyo seno se está gestando mi futuro nieto/nieta. Y aprovecho el momento para hablarle de la meritocracia.

¿Realmente crees que el futuro de ese chiquito mal alimentado, expuesto a un frío espantoso, habitando las calles, trazará su futuro en el mundo con posibilidades equivalentes al de tu sobrino/sobrina?

La respuesta es obvia. La meritocracia suele ser un argumento de los poderosos para ignorar una marginalidad que no les preocupa y que no les produce ningún estremecimiento empático.

La acción política debe tener siempre como horizonte primordial la restauración posible de las asimetrías sociales, esas heridas profundas de una sociedad que no podemos ignorar.

Recordemos siempre que un buen gobierno es siempre aquel que procura la mejor calidad de vida para la mayor cantidad de sus ciudadanos.

No son los rascacielos o los shoppings de lujo, ni los barrios cerrados lujosos y sofisticados el reflejo del éxito económico de un país. Es el acceso a condiciones dignas para todos lo que debiéramos procurar. Nada es más engañoso y falso que el famoso “efecto derrame” que nos quieren instalar algunos. El objeto de la vida en comunidad es generar mejores posibilidades de subsistencia digna para todos.

Y así, andando y andando concluyen estas grajeas cortitas y al pie, reflexiones al paso para seguir pensando, entre goles y descansos, una Argentina mejor.

Buenos Aires, Julio 09 del 2026

Sisto Terán Nougués