Es la plaga de los tiempos: Cuando los locos conducen a los ciegos

Un rosario de preguntas incómodas
Actualidad19 de marzo de 2026 Sisto Terán Nougues
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Se atribuye a William Shakespeare la frase que titula este artículo. Inspirada probablemente en el antecedente bíblico de la parábola transcripta en el Evangelio de Mateo 15:14 cuando Jesús dice “si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo”.

La advertencia que el evangelista pone en boca de Jesucristo es muy clara y nos indica el peligro implícito que tenemos al seguir ciegamente los dictados de líderes ignorantes.

Shakespeare refina la idea haciéndola aún más transparente. “Es la plaga de los tiempos: Cuando los locos conducen a los ciegos”.

La idea expresada en el Evangelio y actualizada allá por el año 1605 por el inmortal dramaturgo inglés, cobra por estos días una inusitada fuerza y resulta de aplicación obligada para analizar la conducta del mundo y sus líderes en este primer cuarto del siglo XXI.

La locura ha pasado ha ser el denominador común de muchos poderosos del mundo y una sumisa ceguera ha fulminado el discernimiento de las masas que se encolumnan con mansedumbre detrás de las consignas más disparatadas.

No sería esto más que una simple anécdota trivial en el marco de la extensa historia de la humanidad, de no mediar el hecho indubitable de que la tecnología confiere a los locos un poder de destrucción recíproca como nunca antes existieron.

No se trata entonces de una alienación inofensiva, es una demencia peligrosa que ha puesto en jaque el concepto de paz mundial.

Se trata de un pensamiento subjetivo que tiene un correlato concreto y objetivo que asusta. Solo el fanatismo y la ceguera colectiva pueden impedir que alguien ignore lo que está sucediendo.

El hecho que denuncio es tan evidente que no requiere ampliaciones ni probanzas ulteriores. Debería aquí concluir el texto, pero pasan cosas. Y estas cosas deben ser comentadas, porque no pueden ser dejadas pasar por alto, para no incurrir en el pecado de consentimiento por omisión. Y son sucesos que me permito la libertad de transformar en incómodas preguntas, cuya respuesta convalida fácticamente la premisa de que estamos siendo víctimas de esa plaga de los tiempos a la que se refería Shakespeare. Los locos conduciendo a los ciegos.

"Head On" del artista chino Cai Guo-Qiang (2006). En esta pieza, 99 lobos cargan con determinación ciega hacia un muro de cristal. La obra es una metáfora sobre el destino colectivo y los errores ideológicos: aunque los lobos ven el obstáculo y sufren el impacto, se levantan para volver a empezar, sugiriendo la trágica tendencia humana de repetir la historia y seguir ciegamente a la manada, sin importar cuán invisible o destructiva sea la barrera.

Veamos las preguntas.

1.- ¿Estamos en guerra?

Una pregunta tan simple debería tener una respuesta fácil. Israelíes, estadounidenses e iraníes saben perfectamente que están en medio de un espantoso conflicto bélico. Sus soldados van a matar y morir por razones decididas por sus líderes, y las bombas y misiles surcan embravecidos sus espacios aéreos.

Pero, ¿Y nosotros? ¿Nuestro querido país, Argentina, está en guerra?

La respuesta lógica sería que no, para nada. Estamos a miles de kilómetros de la zona de combate, no pretendemos apropiarnos de ningún territorio, ni imponer por la fuerza nada a nadie. Nuestras tropas están absolutamente desmovilizadas y la tradición histórica argentina en materia de conflictos internacionales se caracteriza por una recurrente y sostenida neutralidad.

Sin embargo nuestro presidente Javier Milei, con su increíble inimputabilidad irresponsable, hace unos días, en una charla que dió en Manhattan, en un auditorio de la Universidad Yeshiva, se despachó con un discurso disparatado y peligroso.

“Soy el presidente más sionista del mundo”, “Irán es nuestro enemigo”, “Estoy alineado con Estados Unidos e Israel”, “Estamos ganando la guerra”, dijo, entre otras cosas.

Semejante sarta de disparates toma una peligrosidad inquietante cuando el que las pronuncia es el Presidente de todos los argentinos. Sus dichos, los queramos o no admitir, nos meten de lleno, como parte interesada y activa, de una guerra decidida por otros y que no es nuestra.

Más allá de lo feo que nos parece que un presidente de un país soberano exprese en alta voz su sumisión y encolumnamiento incondicional para con los dictados de potencias extranjeras, no se alcanza a entender con qué derecho nos involucra en una guerra. ¡Es insoportablemente insano!

Estamos en guerra y hemos declarado enemigo a un país extranjero, mientras anunciamos gozosamente, como si de un juego se tratara, que estamos ganando una batalla en la que no disparamos ni una bala de fogueo.

Es sin dudas la declaración de guerra más insensata y estúpida que he visto en mi vida. Nadie se la pidió. Milei solito, poseído por una megalomanía portentosa que le hace sentirse miembro de la élite del poder mundial (cuando es apenas una marioneta grotesca de los poderosos), es quien se considera guerrero y se envalentona con declaraciones absurdas que nos comprometen innecesariamente como país.

La respuesta iraní no se hizo esperar. Una publicación en el diario Teherán Times, órgano oficial del régimen de los ayatolas acusa a Milei, y por ende a la Argentina, de “haber cruzado la línea roja”, de ser parte activa de una campaña anti-iraní, para terminar amenazando: “En el momento adecuado haremos que se arrepienta de su enemistad”.

Ante tamaña locura desatada por un personaje ridículo y desquiciado y contestada por un régimen que ha hecho del ejercicio de la violencia y el terror una práctica habitual, no nos queda menos que asustarnos por las consecuencias de tanta imbecilidad gratuita.

En contraposición con esta actitud irresponsable, la Unión Europea se ha expedido diciendo “que esta no es nuestra guerra”, siendo los alemanes los más firmes en sostener una posición que los aleje del conflicto. Es que nadie quiere ser parte de un juego de muerte y poder en el que Trump nos quiere meter a la fuerza, y donde la economía mundial y el sistema energético internacional se están viendo comprometidos. Andrés Repeto, un corresponsal de noticias internacionales dá cuenta de esta posición europea en el video que adjunto.

La mente febril de Javier Milei, quien parece creerse protagonista de un “reality show”, le impide ver la gravedad de sus actos. Una guerra es siempre un crimen. La muerte es una desgracia derivada del conflicto. Meternos, aunque sea dialécticamente, en una guerra, es una tontería superlativa.

Pero el loco eligió el camino de la locura, y los ciegos, en silencio, convalidan el horizonte al que su conductor los conduce.

2.- ¿Volvió la casta?

Milei construyó un relato de campaña, que resultó ser el trampolín de su triunfo electoral. Se comprometió a aniquilar la “casta”.

La casta era un enemigo informe, compuesto por todos aquellos que gozaron o gozan de privilegios, cuyo costo recaía sobre las espaldas del pueblo agobiado.

Hermosa consigna, ya desde el inicio del mandato se vio cuestionada por la integración del gabinete mileísta. Personajes de siempre tomaron por asalto las oficinas y los cargos públicos, hablando negativamente de la casta, como un recurso hipócrita para esconder su pertenencia indiscutible al grupo denostado.

Bullrich, Scioli, Francos, Caputo, los Menem, Sebastián Pareja, Luis Juez, y siguen los etcétera, son muchos de los que, teniendo un abono perpetuo a los espacios de poder, que intercambian a lo largo de las décadas sin que los cambios de gobierno los afecten en su aferrarse a la teta estatal, representan un claro ejemplo de la supervivencia de la casta y su florecer expansivo en tiempos libertarios.

Pero, concedámosle el beneficio de la duda. Seamos buenos y les asignemos a estos personajes una decidida vocación por corregirse, por despojarse de esos privilegios que con hipocresía denuncian al mismo tiempo que disfrutan de sus mieles.

Podríamos entonces afirmar que estamos en presencia de un residual de casta en vías de corrección. Pero no, los hechos nos demuestran que la casta está viva, que se mueve con comodidad en el seno mismo del mileísmo y que se abalanzan desaforados para participar del botín de privilegios que les implica el manejo del estado.

Los más viejos suelen ser más pudorosos y escondedores de sus ventajas. Los más nuevos, con la compulsión de los conversos, son los más inimputables.

Javier Milei y Manuel Adorni son el claro ejemplo de esa nueva casta, que ya no tiene rubor en exhibirse en el despliegue de su obscenidad.

Milei ha decidido hacer uso y abuso de su poder presidencial para gastar los recursos públicos con fines auto promocionales. Vive viajando, a todas partes, y por las razones más extravagantes. Solicita premios y aplausos de compromiso, que son financiados directa e indirectamente por las arcas estatales. Sus viajes son infinitos, los destinos extraños, los costos siderales. Se traslada con pompa y fasto lujurioso, con comitivas numerosas cuya finalidad de compañía es por lo menos de carácter dudoso, asemejándose muchas veces a una parodia de excursiones estudiantiles, con desbordes incluidos. Hoteles de cinco estrellas, comidas fastuosas, han pasado a ser el entorno habitual del otrora panelista disruptivo y de su hermana, que lo acompaña a sol y sombra disfrutando de periplos turísticos muy singulares.

Manuel Adorni no quiere ser menos. El Jefe de Gabinete, hombre en apariencia de vida modesta hasta su acceso a la función pública, ha sido pescado in fraganti, aprovechando al Estado para sacarle el jugo en provecho propio y de su cónyuge. Con un desparpajo inusitado quiere explicar lo inexplicable e intenta justificar el viaje de su mujer acompañando la comitiva presidencial y usufructuando habitaciones que algunos periodistas valúan en torno a los U$S 3.000 dólares diarios. Sus balbuceos no convencen ni siquiera a los periodistas más allegados.

Para colmo aparecen los videos de otro extraño viaje en jet privado a Punta del Este con toda su familia, y el amigo que los acompaña, con ingenuidad ridícula, declara en los medios de comunicación que fué Adorni quien pagó el vuelo, “con plata del Estado”.

Es la punta del iceberg ¡Más casta que nunca! Los libertarios repudian el Estado, salvo cuando lo usan para su beneficio personal.

¿Locura o ceguera? Las dos cosas. Se hacen los locos para desviar la atención y se aprovechan de los ciegos, esos que no quieren ver, para llevarse todo lo que pueden, con impunidad total.

3.- ¿2,9%….? ¡Las pelotas!

Una persona salía de una carnicería y le escuché decir: “¿2,9%? ¡Las pelotas!”.

El énfasis que puso me causó gracia y apunté mentalmente su contenido para desarrollarlo brevemente en esta nota.

Este gobierno nos ha conducido a un esquema implacable de ajuste tras ajuste, castigando con crueldad sectores marginales y desprotegidos de nuestra sociedad, paralizando el accionar estatal, y descuidando al extremo la inversión pública. Todo este esfuerzo que recae sobre las espaldas del grueso de una población cada vez más endeudada y angustiada, tenía un objetivo claro.

Sufrimos mucho, pero lo hacemos para combatir el flagelo de la inflación.

Íbamos a hacer un sacrificio temporal. Se hablaba primero de seis meses, luego doce y finalmente dieciocho. Llevamos 27 meses de gobierno de Milei, y la luz no aparece al final del túnel.

Al contrario, llevamos ya más de nueve meses de crecimiento sostenido del índice inflacionario en la Argentina, acompañado además por una fortísima caída de la actividad económica que implica por otra parte una natural disminución de los ingresos del Estado, lo que a su vez aleja las posibilidades de equilibrio fiscal y obliga a nuevos ajustes.

Círculo vicioso por donde se mire.

El anónimo y quejoso ciudadano que salía enfadado de la carnicería expresó con sus formas contundentes, un sentir generalizado: el índice de inflación no refleja en absoluto el daño que percibo en mi bolsillo al momento de pagar las cuentas.

Durante los años en que eran oposición, quienes hoy nos gobiernan denunciaban con fiereza la adulteración de los índices, su manipulación por parte del equipo de Guillermo Moreno y le acusaban de instaurar mecanismos reprobables para disfrazar el verdadero impacto inflacionario. Tenían razón.

Hoy actúan ellos exactamente de la misma manera. Decidieron arbitrariamente no poner en funcionamiento el sistema de actualización que el propio gobierno había propuesto para sincerar los índices. Dieron marcha atrás, y, sin ponerse colorados, decidieron mentirnos descaradamente.

Si se hubieran aplicado mecanismos correctos de medición, el índice del mes de febrero hubiera superado cómodamente el 3% mensual, una inflación inconcebible en un marco de recesión y ajuste, y una demostración certera de que el programa económico no solo está haciendo colapsar la economía real, sino que ese colapso inducido y el ancla cambiaria no están tampoco consiguiendo frenar la espiral inflacionaria.

Lo que le sucede al señor de la anécdota es que le ha caído fuertemente su “ingreso disponible”, que es la plata que puede gastar después de pagar sus costos fijos. Y esa caída es varias veces superior al 2,9%. Por eso el exabrupto.

Al desglosar el índice, lo que vemos es que el incremento en el rubro Vivienda, Agua, Luz, Gas y Combustibles, fue del 6,8%, mientras que en Alimentos y Bebidas no alcohólicas llegó al 3,3%, mismo número que registra el rubro Bienes y Servicios Varios.

O sea que nuestros costos fijos han aumentado mucho más que el 2,9% y es por eso muy razonable el fastidio del señor de la carnicería. Adjunto un breve video que confirma lo que estoy escribiendo.

Sisto Terán Nougues