Adaptación climática de viviendas: claves para reducir el consumo de energía y enfrentar eventos extremos

Expertos proponen mejoras para hacer más eficientes los hogares ya construidos frente al cambio climático.
Actualidad01 de septiembre de 2026
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El aumento de las temperaturas, las lluvias cada vez más intensas y la creciente demanda de climatización están obligando a repensar las viviendas argentinas. 

Especialistas en arquitectura, construcción y eficiencia energética coinciden en que el mayor desafío ya no pasa únicamente por diseñar edificios nuevos, sino por adaptar el parque habitacional existente a un escenario climático más exigente, mediante intervenciones que reduzcan el consumo de energía, mejoren el confort y disminuyan el impacto ambiental.

La problemática adquiere especial relevancia en las ciudades consolidadas, donde la mayor parte de las viviendas fue construida antes de que la eficiencia energética y la sustentabilidad ocuparan un lugar central en el diseño edilicio. Además, el sector de la construcción representa una porción significativa de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Los especialistas sostienen que no siempre es necesario demoler o realizar reformas integrales. Mejoras en fachadas, ventanas, sistemas de ventilación, cubiertas, superficies drenantes y herramientas digitales pueden transformar de manera significativa el comportamiento térmico y energético de una vivienda.

Fachadas y ventanas, el primer paso para reducir el consumo energético

Uno de los principales puntos de intervención es la denominada envolvente del edificio, integrada por paredes, techos y aberturas, responsable del intercambio de temperatura entre el exterior y el interior.

Vicente Mazzitelli, arquitecto y responsable del Instituto Construcción con Madera de FAIMA, explicó que incorporar aislamiento térmico y materiales renovables en las viviendas existentes permite disminuir el consumo energético, mantener una temperatura interior más estable y prolongar la vida útil de los edificios sin necesidad de reconstruirlos.

En la misma línea, Florencia Chavat, representante de PEFC Argentina, destacó que la calidad ambiental interior también depende de los materiales utilizados, por lo que recomendó optar por productos de origen certificado y procesos de fabricación controlados, especialmente en el caso de la madera.

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Para mejorar el aislamiento exterior, Lucas Álvarez, de Mapei Argentina, propuso la utilización del sistema SATE, que incorpora paneles aislantes sobre las fachadas protegidos por morteros y revestimientos impermeables que permiten la salida del vapor. Según indicó, esta solución puede reducir entre un 30% y un 50% el consumo de energía destinado a climatización.

Las ventanas también representan uno de los principales puntos de pérdida energética. Adriana López, especialista en eficiencia energética y representante de MUCHTEK ante IRAM, señaló que reemplazar aberturas tradicionales por ventanas de PVC con perfiles herméticos mejora el aislamiento térmico y acústico sin necesidad de realizar obras húmedas.

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Ventilación natural y diseño bioclimático para disminuir el uso de aire acondicionado

Otra de las estrategias recomendadas consiste en aprovechar los principios del acondicionamiento térmico pasivo.

Nicolás Rudolph, director de Rudolpharq, explicó que una adecuada ventilación cruzada, generada mediante aberturas ubicadas en distintas caras de una vivienda, permite renovar el aire y disminuir naturalmente la temperatura interior.

Por su parte, Alex Sakkal, cofundador de Grupo Nómada, advirtió que muchas estructuras de hormigón fueron diseñadas para condiciones climáticas diferentes a las actuales, acumulando calor durante el día y liberándolo durante la noche. Frente a ello, sostuvo que el diseño bioclimático busca aprovechar las características físicas del edificio antes de recurrir a equipos de climatización.

El arquitecto Armando Gross, coordinador de la Diplomatura en Bioarquitectura de la UTN, señaló además que la rehabilitación bioclimática puede realizarse sin demoliciones, mediante revoques de arcilla y cal capaces de regular la humedad y mejorar las condiciones interiores de las viviendas.

Cubiertas verdes y pisos permeables para enfrentar lluvias intensas

Las precipitaciones cada vez más intensas también impulsan soluciones orientadas al manejo del agua.

Gross explicó que los techos verdes funcionan como reservorios naturales, ya que el sustrato y la vegetación retienen parte del agua de lluvia, disminuyendo el caudal que llega a los desagües urbanos y reduciendo el riesgo de anegamientos.

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Sin embargo, Patricio Zapata, gerente de Éxito de Clientes para Graphisoft Latinoamérica, aclaró que antes de instalar una cubierta vegetal es imprescindible verificar la capacidad estructural del edificio, además de garantizar una correcta impermeabilización y drenaje.

En patios y espacios exteriores también se recomienda reemplazar superficies impermeables por pavimentos drenantes. Según Sakkal, sustituir el cemento por áreas permeables permite que el agua infiltre naturalmente en el terreno, mientras que Álvarez propuso el uso de morteros y resinas drenantes capaces de combinar resistencia con permeabilidad.

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Sensores inteligentes para controlar el consumo y detectar pérdidas

La incorporación de tecnología también aparece como una herramienta clave para mejorar la eficiencia de las viviendas.

Martín Piantoni, CEO de Alton Desarrollos, explicó que los sistemas basados en Internet de las Cosas (IoT) permiten monitorear en tiempo real el consumo de electricidad y agua mediante sensores y medidores inteligentes.

Rudolph agregó que estos dispositivos pueden detectar inmediatamente consumos anormales o pérdidas de agua, permitiendo intervenir antes de que el problema genere mayores costos.

En edificios de departamentos, Sakkal remarcó que identificar rápidamente una pérdida de agua o un consumo eléctrico permanente evita incrementos innecesarios en las expensas.

Por su parte, Zapata destacó el aporte de la metodología BIM, que permite construir modelos digitales de un edificio para simular distintas alternativas de intervención, evaluar previamente su comportamiento térmico y luego contrastarlo con datos obtenidos por sensores inteligentes.

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Adaptar las viviendas, una inversión frente al cambio climático

Los especialistas coincidieron en que adaptar las viviendas existentes representa una de las estrategias más efectivas para enfrentar los efectos del cambio climático.

Desde el reemplazo de ventanas y la incorporación de aislamiento térmico hasta la instalación de sensores inteligentes o cubiertas vegetales, las mejoras permiten reducir el consumo energético, disminuir los costos de funcionamiento y generar ambientes más saludables.

La conclusión es clara: la sustentabilidad dejó de medirse únicamente por certificaciones ambientales y pasó a reflejarse en el desempeño cotidiano de los edificios, su capacidad para adaptarse a nuevas condiciones climáticas y el ahorro que generan tanto para sus habitantes como para el ambiente.

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