La NASA encontró una gigantesca calavera en la Antártida

Tiene un ojo oscuro, una mandíbula de hielo y es completamente real. Una fotografía satelital captó una sorprendente figura entre los glaciares de una isla antártica. Detrás de su apariencia aterradora, los especialistas identificaron señales relacionadas con la pérdida de nieve y la exposición del hielo.
Actualidad03 de noviembre de 2026
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La supuesta calavera de la Antártida tiene una explicación científica: se trata de un caso de pareidolia, un fenómeno que permite reconocer rostros y figuras familiares en formaciones naturales.

En uno de los lugares más aislados del planeta, una imagen tomada desde el espacio dejó al descubierto una figura tan extraña como inquietante. Una gigantesca calavera parece emerger entre los hielos de la Antártida, con una cavidad oscura que recuerda a un ojo y una mandíbula que se extiende hacia el océano.

La fotografía, difundida por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) en vísperas de Halloween, no es producto de la inteligencia artificial: se trata de una formación natural que también permite observar cambios importantes en el paisaje glaciar.

La NASA descubrió una gigantesca calavera en la Antártida.
Las rocas, los glaciares y los sedimentos de la Antártida forman una silueta que recuerda a un cráneo humano.

Dónde está la gigantesca calavera que fotografió la NASA en la Antártida

La particular formación se encuentra en la isla Vega, situada en el mar de Weddell, al este de la península antártica. Desde la perspectiva de los satélites, sus montañas, glaciares y acumulaciones de sedimentos componen una silueta sorprendentemente similar a un cráneo humano.

Uno de los detalles más llamativos es que la figura parece mirar hacia Devil Island, conocida en español como isla del Diablo. La supuesta cavidad ocular es, en realidad, un nunatak, una elevación rocosa que sobresale de una superficie cubierta de hielo. Por su parte, una morrena lateral forma la boca, mientras que el glaciar Bahía del Diablo contribuye a delinear la mandíbula.

Este curioso efecto visual tiene una explicación científica: la pareidolia, un fenómeno psicológico que lleva al cerebro humano a reconocer rostros, animales u otras figuras conocidas en formas naturales. Sin embargo, lo que inicialmente parecía una simple curiosidad geográfica terminó convirtiéndose en una oportunidad para estudiar las condiciones del hielo antártico.

La formación natural se encuentra en la isla Vega, en el mar de Weddell.

Qué descubrió la NASA al comparar dos imágenes satelitales de la Antártida

El Observatorio de la Tierra de la NASA publicó la imagen el 30 de octubre de 2026 después de analizar registros obtenidos mediante el satélite Landsat 9. Los especialistas compararon fotografías tomadas el 22 de marzo de 2025 y el 10 de octubre de 2026 y encontraron diferencias importantes en la cobertura superficial.

Mientras que en la primera imagen buena parte del terreno permanecía cubierta de nieve, en la segunda aparecían extensas superficies de hielo descubierto, con tonalidades más oscuras. Este contraste resultó especialmente relevante porque octubre corresponde a la primavera austral, cuando todavía puede persistir la nieve acumulada durante el invierno.

El glaciólogo Mauri Pelto, del Nichols College, relacionó las condiciones observadas con temperaturas invernales superiores a las habituales, particularmente durante junio de 2026. También señaló la influencia de otros procesos, como la escasa acumulación de nieve reciente, la sublimación y la acción de los vientos sobre la superficie helada.

Por qué el hielo oscuro de la Antártida preocupa a los científicos

La ausencia de una cobertura de nieve suficientemente extensa puede modificar la manera en que los glaciares reciben y absorben la energía solar. La explicación está relacionada con el albedo, una propiedad que determina qué proporción de la radiación incidente refleja una superficie.

La nieve blanca posee un albedo elevado y devuelve gran parte de la energía solar. En cambio, cuando queda expuesto el hielo más oscuro, aumenta la proporción de radiación absorbida. Esto puede favorecer el calentamiento superficial y acelerar el derretimiento durante los meses de mayor insolación.

Así funciona el efecto albedo.
Así funciona el efecto albedo.

Los especialistas advierten que estas condiciones podrían adquirir mayor importancia durante el verano austral. Además, el glaciar Bahía del Diablo cuenta con antecedentes de pérdida de masa documentados desde finales de la década de 1990. En otros sectores de la isla Vega también se han observado retrocesos glaciares y una mayor exposición de superficies rocosas.

La inesperada conexión entre la isla de la calavera y una expedición argentina de 1903

Mucho antes de que los satélites permitieran observar su particular silueta, esta región antártica ya había protagonizado una historia extraordinaria. En 1903, la isla Vega fue escenario del reencuentro de integrantes de una expedición científica sueca que habían permanecido separados durante un duro invierno polar.

La expedición, encabezada por Otto Nordenskjöld, había quedado en una situación crítica después de que su embarcación, el Antarctic, resultara atrapada y finalmente se hundiera entre los hielos. Los exploradores debieron sobrevivir en distintos puntos de la región, enfrentando temperaturas extremas y un prolongado aislamiento.

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Los satélites Landsat permiten seguir la evolución de los glaciares de la isla Vega. Las superficies de hielo expuestas y las zonas rocosas ayudan a estudiar los cambios registrados en este sector de la Antártida.

Argentina tuvo un papel decisivo en el desenlace de aquella historia. La corbeta ARA Uruguay, comandada por Julián Irízar, participó en el rescate de los expedicionarios en noviembre de 1903, en una operación que se convirtió en un episodio destacado de la historia antártica argentina.

Más de 120 años después, la isla vuelve a captar la atención internacional por una imagen que parece desafiar la imaginación. Pero detrás de aquella gigantesca calavera no existe ningún fenómeno sobrenatural: hay un paisaje moldeado por el hielo, las rocas y el paso del tiempo, cuya transformación continúa siendo objeto de investigación científica.

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