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title: "Se equivoca Milei: Jesús habló positivamente de ayudar a los pobres y necesitados"
article_type: "Article"
description: "Por momentos, el debate político argentino abandona los números, los mercados y las encuestas para ingresar en terrenos más profundos: la moral, la religión y la idea misma de comunidad. Eso ocurrió tras el Tedeum del 25 de Mayo, cuando el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, llamó a pensar en “el otro”, denunció la agresividad social y cuestionó la indiferencia frente al sufrimiento humano"
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date_published: "2026-05-26T20:34:00-03:00"
date_modified: "2026-05-26T20:48:39-03:00"
author_name: "OPINION"
category_name: "Actualidad"
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# Se equivoca Milei: Jesús habló positivamente de ayudar a los pobres y necesitados

![Jesus-Poor](/download/multimedia.normal.ac80149e01dd4e89.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

El mandatario sostuvo que al paralítico del Evangelio “no lo llevaron al oficial romano, lo llevaron a Jesucristo”, y agregó que no se lo llevó “al Estado”. La frase no fue casual. Resume de manera precisa la concepción filosófica que atraviesa todo el pensamiento mileísta: el Estado no debe ocupar un rol central en la asistencia social; la ayuda debe surgir de los individuos, de la caridad privada o de las comunidades voluntarias.

Sin embargo, la afirmación merece una discusión seria, porque detrás de esa metáfora bíblica hay consecuencias concretas para jubilados, discapacitados, enfermos y sectores vulnerables.

**La confusión bíblica**

Desde el punto de vista exegético, la frase presidencial mezcla dos relatos distintos de los Evangelios: el del paralítico llevado ante Jesús y el del centurión romano. Pero más importante aún es lo que omite.

Jesús jamás predicó la indiferencia social.

Por el contrario, el núcleo ético del cristianismo está atravesado por el deber de asistir al vulnerable:

“Tuve hambre y me diste de comer”.

“Estuve enfermo y me visitaste”.

“Lo que hagan con el más pequeño de mis hermanos, conmigo lo hacen”.

El Evangelio no propone un individualismo competitivo donde cada uno sobrevive como puede. Tampoco glorifica la exclusión bajo la idea de mérito económico. Jesús pone constantemente en el centro a quienes el sistema deja al margen: ciegos, leprosos, pobres, viudas, paralíticos, extranjeros y mendigos.

La parábola del Buen Samaritano no pregunta si la víctima “merecía” ayuda, ni analiza el costo fiscal del auxilio. La ayuda aparece como obligación moral inmediata.

Por eso, interpretar el cristianismo como una defensa del retiro estatal absoluto resulta, cuanto menos, teológicamente débil.

![Jesús-habla-con-un-pobre-paralítico](/download/multimedia.miniatura.bbc778ca12216086.bWluaWF0dXJhLndlYnA%3D.webp)

*Jesús habla con un pobre paralítico.*

**La filosofía de Milei**

El presidente argentino se inspira en corrientes libertarias y anarcocapitalistas influenciadas por autores como Murray Rothbard y Friedrich Hayek. En esa visión, el Estado tiende a ser visto como una estructura coercitiva que quita recursos a unos para entregarlos a otros.

La solidaridad, según esta perspectiva, debe ser voluntaria y jamás impuesta mediante impuestos o políticas públicas.

El problema aparece cuando esa teoría abandona el terreno abstracto y desciende a la realidad concreta de millones de personas.

Porque un discapacitado severo no compite en igualdad de condiciones. Porque un jubilado que trabajó toda su vida puede quedar desamparado frente a la inflación. Porque un enfermo oncológico no puede “elegir libremente” curarse si no tiene dinero. Porque hay niños que nacen en contextos donde la pobreza no es una elección sino una condena estructural.

Las sociedades modernas crearon sistemas públicos de salud, jubilación y asistencia no por capricho ideológico, sino porque entendieron algo elemental: la dignidad humana no puede depender exclusivamente de la capacidad individual de generar riqueza.

![0297](/download/multimedia.normal.a192364dd1db877b.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

*La expulsión de los mercaderes del templo – Tiepolo, Giandomenico*

**El falso dilema entre Estado y solidaridad**

El gran error del discurso ultraindividualista es presentar una falsa oposición: o ayuda el Estado, o ayuda la sociedad.

La experiencia histórica demuestra que ambas dimensiones pueden coexistir.

La solidaridad personal es indispensable, pero insuficiente. Ninguna colecta privada podría sostener masivamente tratamientos complejos, sistemas previsionales o redes nacionales de discapacidad. Allí aparece el Estado como herramienta organizada de justicia distributiva.

No se trata de idolatrar al Estado ni de negar sus ineficiencias. Se trata de comprender que una comunidad política tiene responsabilidades éticas compartidas.

Incluso las democracias liberales más exitosas del mundo mantienen fuertes sistemas de protección social. No porque hayan renunciado al mercado, sino porque entendieron que el mercado no resuelve por sí solo el sufrimiento humano.

**El riesgo moral de naturalizar la exclusión**

Cuando se instala la idea de que cada individuo vale únicamente por su productividad económica, los más débiles quedan expuestos a una peligrosa deshumanización.

Los discapacitados dejan de ser personas con derechos para convertirse en “costos”. Los jubilados pasan a ser “cargas fiscales”. Los pobres son vistos como fracasados morales. Y los enfermos terminan dependiendo de la suerte o de la caridad ocasional.

Ese paradigma erosiona lentamente el pacto básico de toda civilización: nadie debe ser abandonado cuando ya no puede sostenerse solo.

La verdadera grandeza de una sociedad no se mide únicamente por sus índices financieros, sino por el modo en que trata a quienes menos tienen.

**El mensaje que el Evangelio sí deja claro**

Puede discutirse economía, impuestos o modelos de gestión. Lo que resulta mucho más difícil es sostener, honestamente, que el mensaje de Jesús promovía la indiferencia frente al sufrimiento social.

El cristianismo histórico —con todas sus contradicciones humanas— fundó hospitales, asilos, comedores y redes de asistencia precisamente porque entendió que la fe sin compasión concreta es vacía.

El problema no es defender la responsabilidad individual. El problema aparece cuando esa idea se transforma en justificación moral para retirarle apoyo a quienes no pueden defenderse solos.

Ahí es donde la frase presidencial pierde fuerza ética y espiritual.

Porque el paralítico del Evangelio no llegó solo hasta Jesús.

Lo llevaron otros. Y eso también significa algo.

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